lunes, 6 de diciembre de 2010

LA CHISPA



Desafortunadamente para México, las condiciones para un estallido social están dadas: una clase privilegiada que acumula cada vez más poder y riqueza, una clase popular en la miseria y una clase media que ve como se deteriora día a día su poder adquisitivo. Un gobierno y una clase política insensibles al sufrimiento del pueblo; privilegios para el capital extranjero a cambio de dádivas; entrega de la riqueza nacional a intereses ajenos al de México; un Presidente empecinado en combatir el narcotráfico sólo mediante la violencia, mientras en varias entidades de Estados Unidos se discute la posibilidad de legalizar la marihuana; 30,000 muertos en esa guerra irresponsable; grupos armados que enfrentan abiertamente al ejército; toque de queda autoimpuesto en varias localidades del país; líderes políticos y religiosos y hasta funcionarios del poder judicial coludidos con el crimen organizado; una generación de jóvenes sin preparación y sin empleo; derroche no sólo en campañas políticas, sino en celebraciones gubernamentales sin sentido; descontento social que se expresa a través de conversaciones informales,  de las redes sociales y de bloqueos viales. Sólo hace falta la chispa… y sería muy lamentable que esta fuese inducida por alguno de los capos, que hoy combate el gobierno.

Por otro lado, el desprestigio de los Partidos, de los institutos electorales y de la clase política en general, amenaza la continuidad de nuestra incipiente democracia. El PAN desperdició la extraordinaria oportunidad que tuvo en el período 2000-2006, para construir un Estado moderno, incluyente y progresista; como consecuencia, un porcentaje significativo de la sociedad, decepcionada, empieza a añorar a los que “si saben gobernar”. Así, el PRI resurge avasallador, con las mismas prácticas de siempre y prometiendo arreglar un desorden que se originó durante la gestión de gobiernos emanados de sus filas. Hay temor fundado en la clase intelectual y en las clases medias pensantes, de que regrese este grupo político al País, porque significaría mayor corrupción, más privilegios a las clases ya de por si encumbradas y sobre todo, porque esta pesadilla llegaría para quedarse por mucho tiempo.

En este estado de cosas, el votante que razona su voto, necesita una opción real de gobierno, por lo que la izquierda podría tener la gran oportunidad de conducir al País por el rumbo del progreso con equidad.  Desafortunadamente, ésta se encuentra  totalmente dividida: el PRD, fraccionado entre los que apoyan a Jesús Ortega y los que son leales a Andrés Manuel López Obrador; sospechas de entreguismo del grupo de Jesús Ortega al gobierno en turno; traiciones en las filas del PRD y finalmente, la carrera hacia el 2012, que conforma dos grupos con una visión diferente de cómo acceder al poder: el de Marcelo Ebrard, cuyo discurso equilibrado y de unidad convence a las clases medias y el de Andrés Manuel López Obrador, cuyo tono agresivo y reivindicador del nacionalismo  y de  las tribulaciones de las clases marginadas, al mismo tiempo congrega a éstas y aleja a las clases medias más cultivadas.  Ambas corrientes chocan en el Estado de México, donde Marcelo Ebrard,  basado en la exitosa experiencia de alianzas con el PAN en las elecciones recientes, promueve una coalición con este partido y Andrés Manuel López Obrador, se opone a ella. La postura de Andrés Manuel se antoja congruente, sin embargo, al promover que Convergencia y PT impulsen la candidatura de un tercero, favorece sin desearlo, la continuidad del priismo en el Estado de México y con ello, las aspiraciones presidenciales de Enrique Peña Nieto. La disyuntiva está en aliarse con el usurpador y responsable directo del desorden actual ó aceptar el riesgo de otros 70 años de monopartidismo y posible estancamiento.

Es fundamental por eso que los partidos de izquierda y sus dirigencias, acepten la responsabilidad histórica que tienen, para conducir a México por un Nuevo Rumbo de progreso sustentable, humano y equitativo. Es indispensable que  antepongan el interés de esas mayorías que dicen defender, a sus ambiciones personales y de grupo; unirse en torno a un objetivo común y encontrar la fórmula adecuada para presentar un solo frente ciudadano ante el PRI, tanto en el Estado de México, como en las elecciones del 2012 aún cuando esto suponga allanar diferencias y suprimir enconos. Ha llegado la hora del ciudadano, del pueblo constituido por las clases medias y marginadas, porque somos los grandes perdedores en este proceso pauperizador de la derecha, que reproduce los abusos que dieron como resultado los sangrientos movimientos sociales de 1810 y de 1910. La sociedad está obligada a enviar un mensaje contundente a esos poderes fácticos que tienen secuestrado al País, pero  necesita inspiración y guía. Ese es el rol que la izquierda unida debe asumir; la Patria reclama acciones contundentes para triunfar en forma inequívoca en el 2012 y hacer factible entonces, un nuevo pacto social. Un triunfo dudoso, como lo fue el del 2006, podría traer como consecuencia la chispa que encienda una nueva Revolución Social.





viernes, 3 de diciembre de 2010

GABINO CUÉ…COMPROMISO CON LA HISTORIA




Conquistar la gubernatura de Oaxaca, ha sido sin duda un gran triunfo de la ciudadanía. Sacudirse el yugo de 80 años de gobiernos priistas, que dieron como resultado la fábrica de pobres más grande del País, es un logro que no puede ser atribuido a un solo partido. Y precisamente en ese hecho está su fortaleza. El gobierno que establezca Gabino Cué, deberá forzosamente ser plural y responder a las aspiraciones de la sociedad. Son altas las expectativas que tanto la sociedad oaxaqueña como el resto de la Nación tienen en este gobierno emanado de una alianza popular y muchas son también las cuentas pendientes que deja el régimen de Ulises Ruíz, no sólo en lo político, en lo económico y en lo social, sino también en materia de justicia. Por eso, cuando Gabino Cue declara que no emprenderá una cacería de brujas, pero que se aplicará la Ley en los casos en los que esta haya sido violada, su tono mesurado debe dar confianza a la sociedad en su conjunto: “El que nada debe, nada teme”.
Sin embargo, los hechos deberán respaldar las palabras en el corto plazo, porque el pueblo puede desencantarse fácilmente ante señales confusas: “La burra no era arisca, los palos la hicieron”. Y al respecto, vale la pena recordar de nuestra historia, logros similares que costaron incluso sangre de patriotas y que finalmente sólo sirvieron para encumbrar a una elite diferente:

Primero.- Pacto de Francisco I. Madero con los “científicos” del Gobierno de Díaz, al triunfo de la Revolución.
En contra de la voluntad popular, expresada mediante las armas y teniendo absolutamente todas las condiciones para eliminar del poder al equipo de los “científicos”, responsables del abuso e injusticias cometidas en contra del pueblo, Madero decidió pactar con estos (Tratados de Ciudad Juárez – mayo 21, 1911), permitiéndoles: la Presidencia Interina (Francisco León de la Barra) para organizar nuevas elecciones y un gabinete en el que el régimen anterior tenía representación mayoritaria. En estos Tratados se “olvidó” el compromiso contraído con los campesinos y comunidades indígenas, que mediante el artículo 3º del Plan de San Luis de fecha octubre 5, 1910, obligaba a restituir las tierras a sus dueños originales. Y ya electo Presidente, Francisco I. Madero (Noviembre 2, 2011)  “Dejó en pie todo el aparato burocrático, político y administrativo, heredado del porfiriato, hiriendo con su actitud la fe de muchos de sus amigos. Olvidaba, así, su verdadera función, -la de depurar el gobierno, reemplazando la vieja tendencia reaccionaria que lo impregnaba con la nueva tendencia revolucionaria-“[1]
Nadie puede regatear a Francisco I. Madero el mérito de prender la chispa que finalmente permitió al pueblo de México sacudirse el yugo de la dictadura porfirista. Pero todos los cronistas de la Revolución coinciden explícita o implícitamente en reconocer que Madero, aún antes de llegar al poder se olvidó de los compromisos con el pueblo y pactó con sus opresores. Hay indicios de que la intención real de Madero era continuar el estado de privilegios para unos –los de su clase, los terratenientes- y de opresión para los demás. El golpe de estado dirigido por el traidor Victoriano Huerta, que costara la vida a Madero y Pino Suárez entre otros más, nos impide conocer el derrotero que habría seguido México, bajo el mandato del que veneramos como “apóstol de la democracia”. 

Segundo.- Negociación de Vicente Fox con el PRI en el año 2000.
Después de más de 70 años de gobiernos priistas y de sufrir varias crisis sexenales en los últimos años, el pueblo decidió apoyar la candidatura de un hombre que parecía ser el líder que reivindicaría con sentido de urgencia, las aspiraciones de una sociedad hastiada de la corrupción, del influyentismo, de la burocracia excesiva, etc., etc. Este líder y su equipo supieron utilizar la mercadotecnia para convencerlo de que Vicente Fox y el PAN serían los salvadores de México. El PRI en el año 2000 estaba acabado; se vaticinaba incluso su desaparición. Sin embargo, Fox mantuvo toda la maquinaria priista en el gobierno, así como sus métodos. Del mismo modo que Madero, el cambio fue sólo de personalidades. Los vicios del PRI fueron adoptados por la gente del PAN en el poder. A poco el amor le ganó al Sr. Presidente y se casó con Martha Sahagún quien con sus hijos los Bribiesca, aprovecharon el poder presidencial para enriquecerse sin recato alguno. El PAN negoció con el PRI, sin entender el mandato del pueblo. Le perdonó graves faltas como la del Pemex-gate, en el que hubo un quebranto a la Nación del orden de 1400 millones de pesos, a cambio de su respaldo en el Congreso, para aprobar leyes estructurales que aún seguimos esperando. El resultado: una década perdida para el desarrollo de México y la amenaza latente del regreso del PRI a los Pinos.

La enseñanza en ambos casos es que el gobernante que, como en el caso de Gabino Cue, recibe un claro mandato de reivindicación, debe saber interpretar muy bien cuál es ese mandato y ejecutarlo fielmente, so pena de perder el respaldo que con tantos esfuerzos se obtuvo. Mal haría el nuevo gobernador en dejar intactas las estructuras que heredó del viejo régimen y mucho peor, si con la complicidad de estas mismas estructuras, se exonera a los responsables de los crímenes cometidos en contra del pueblo oaxaqueño. No se trata de promover una cacería de brujas, pero quien permanezca en un puesto público debe comprobar probidad y eficiencia. De otra manera, se repetirá la historia con la consiguiente desilusión y sufrimiento del pueblo.


[1] Mancisidor, José.- Historia de la Revolución Mexicana.- Libro Mex Editores.- México D.F., 1966.- pp168