viernes, 3 de diciembre de 2010

GABINO CUÉ…COMPROMISO CON LA HISTORIA




Conquistar la gubernatura de Oaxaca, ha sido sin duda un gran triunfo de la ciudadanía. Sacudirse el yugo de 80 años de gobiernos priistas, que dieron como resultado la fábrica de pobres más grande del País, es un logro que no puede ser atribuido a un solo partido. Y precisamente en ese hecho está su fortaleza. El gobierno que establezca Gabino Cué, deberá forzosamente ser plural y responder a las aspiraciones de la sociedad. Son altas las expectativas que tanto la sociedad oaxaqueña como el resto de la Nación tienen en este gobierno emanado de una alianza popular y muchas son también las cuentas pendientes que deja el régimen de Ulises Ruíz, no sólo en lo político, en lo económico y en lo social, sino también en materia de justicia. Por eso, cuando Gabino Cue declara que no emprenderá una cacería de brujas, pero que se aplicará la Ley en los casos en los que esta haya sido violada, su tono mesurado debe dar confianza a la sociedad en su conjunto: “El que nada debe, nada teme”.
Sin embargo, los hechos deberán respaldar las palabras en el corto plazo, porque el pueblo puede desencantarse fácilmente ante señales confusas: “La burra no era arisca, los palos la hicieron”. Y al respecto, vale la pena recordar de nuestra historia, logros similares que costaron incluso sangre de patriotas y que finalmente sólo sirvieron para encumbrar a una elite diferente:

Primero.- Pacto de Francisco I. Madero con los “científicos” del Gobierno de Díaz, al triunfo de la Revolución.
En contra de la voluntad popular, expresada mediante las armas y teniendo absolutamente todas las condiciones para eliminar del poder al equipo de los “científicos”, responsables del abuso e injusticias cometidas en contra del pueblo, Madero decidió pactar con estos (Tratados de Ciudad Juárez – mayo 21, 1911), permitiéndoles: la Presidencia Interina (Francisco León de la Barra) para organizar nuevas elecciones y un gabinete en el que el régimen anterior tenía representación mayoritaria. En estos Tratados se “olvidó” el compromiso contraído con los campesinos y comunidades indígenas, que mediante el artículo 3º del Plan de San Luis de fecha octubre 5, 1910, obligaba a restituir las tierras a sus dueños originales. Y ya electo Presidente, Francisco I. Madero (Noviembre 2, 2011)  “Dejó en pie todo el aparato burocrático, político y administrativo, heredado del porfiriato, hiriendo con su actitud la fe de muchos de sus amigos. Olvidaba, así, su verdadera función, -la de depurar el gobierno, reemplazando la vieja tendencia reaccionaria que lo impregnaba con la nueva tendencia revolucionaria-“[1]
Nadie puede regatear a Francisco I. Madero el mérito de prender la chispa que finalmente permitió al pueblo de México sacudirse el yugo de la dictadura porfirista. Pero todos los cronistas de la Revolución coinciden explícita o implícitamente en reconocer que Madero, aún antes de llegar al poder se olvidó de los compromisos con el pueblo y pactó con sus opresores. Hay indicios de que la intención real de Madero era continuar el estado de privilegios para unos –los de su clase, los terratenientes- y de opresión para los demás. El golpe de estado dirigido por el traidor Victoriano Huerta, que costara la vida a Madero y Pino Suárez entre otros más, nos impide conocer el derrotero que habría seguido México, bajo el mandato del que veneramos como “apóstol de la democracia”. 

Segundo.- Negociación de Vicente Fox con el PRI en el año 2000.
Después de más de 70 años de gobiernos priistas y de sufrir varias crisis sexenales en los últimos años, el pueblo decidió apoyar la candidatura de un hombre que parecía ser el líder que reivindicaría con sentido de urgencia, las aspiraciones de una sociedad hastiada de la corrupción, del influyentismo, de la burocracia excesiva, etc., etc. Este líder y su equipo supieron utilizar la mercadotecnia para convencerlo de que Vicente Fox y el PAN serían los salvadores de México. El PRI en el año 2000 estaba acabado; se vaticinaba incluso su desaparición. Sin embargo, Fox mantuvo toda la maquinaria priista en el gobierno, así como sus métodos. Del mismo modo que Madero, el cambio fue sólo de personalidades. Los vicios del PRI fueron adoptados por la gente del PAN en el poder. A poco el amor le ganó al Sr. Presidente y se casó con Martha Sahagún quien con sus hijos los Bribiesca, aprovecharon el poder presidencial para enriquecerse sin recato alguno. El PAN negoció con el PRI, sin entender el mandato del pueblo. Le perdonó graves faltas como la del Pemex-gate, en el que hubo un quebranto a la Nación del orden de 1400 millones de pesos, a cambio de su respaldo en el Congreso, para aprobar leyes estructurales que aún seguimos esperando. El resultado: una década perdida para el desarrollo de México y la amenaza latente del regreso del PRI a los Pinos.

La enseñanza en ambos casos es que el gobernante que, como en el caso de Gabino Cue, recibe un claro mandato de reivindicación, debe saber interpretar muy bien cuál es ese mandato y ejecutarlo fielmente, so pena de perder el respaldo que con tantos esfuerzos se obtuvo. Mal haría el nuevo gobernador en dejar intactas las estructuras que heredó del viejo régimen y mucho peor, si con la complicidad de estas mismas estructuras, se exonera a los responsables de los crímenes cometidos en contra del pueblo oaxaqueño. No se trata de promover una cacería de brujas, pero quien permanezca en un puesto público debe comprobar probidad y eficiencia. De otra manera, se repetirá la historia con la consiguiente desilusión y sufrimiento del pueblo.


[1] Mancisidor, José.- Historia de la Revolución Mexicana.- Libro Mex Editores.- México D.F., 1966.- pp168

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